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  • Dr. Cesar Manuel Torres A

LA LUCHA CONTRA LA MISOGINIA Y LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Actualizado: mar 13


A más de un siglo del inicio de la lucha por los derechos de las mujeres, nos encontramos con el aumento estadístico de los feminicidios, las protestas de mujeres indignadas por no ser escuchadas, hombres atónitos que no saben qué hacer y cómo reaccionar para acompañar a sus compañeras de vida, instituciones que solo cierran los ojos y los oídos para no modificar nada, porque al sistema no le conviene; estructuras que aprovechan los gritos para desestabilizar a las cabezas de los gobiernos y politizar, desacreditando y desbastando estructuras que caerán en tanto tiempo como lo permita la ignorancia y la ansiedad de nuestros pueblos; el reclamo consiste en dejar de matar mujeres, mientras algunas muestran sus cuerpos por ser emblemático de la feminidad, otras destruyen, vociferan y pintan monumentos haciendo honores a nuestras raíces primates, quizá por aquello de rescatar nuestra dignidad natural, sin embargo es probable que no estemos entendiendo el fenómeno, probablemente esta forma de ser escuchados no sea exclusivo del género femenino, ni las victimas de feminicidios sean solo las mujeres, ni la violencia domestica a las mujeres o el asesinato de niñas, esposas o desconocidas sea solo un asunto de castigo, tal vez existan más cosas que podamos hacer al respecto y pensar como de costumbre en nuestra sociedad de “comodín”, esperar que nos caiga la solución del cielo o de la silla de un gran tlatoani mientras le apedreamos.


Es verdad que necesitamos ser escuchadas y escuchados.

Es verdad que se necesita legislar mejor.

Pero hay que entender antes el fenómeno.

Es verdad que se necesita mayor eficacia de nuestros órganos de seguridad, menos negociaciones con organizaciones criminales, necesitamos casarnos menos con la figura de la víctima porque eso nos enceguece y no nos deja ver el fenómeno completo, pensar más desde nuestra trincheras.

Necesitamos menos ruido y más introspección, es probable que lo que estamos mirando solo sea el reflejo engrandecido de nuestra propia sombra, y que las soluciones comiencen en casa, es probable que sea el momento de hacer menos ruido y las preguntas adecuadas para poder entender mejor lo que nosotros mismo no queremos ver e insistimos en responsabilizar a otros.

Si bien es cierto que la violencia contra las mujeres es el resultado de la manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres y por lo tanto hay que hacerlo sentir… ¿que estamos haciendo para cambiar eso en casa? Nuestras propuestas están enfocadas a varios lados.

Las mujeres se enfrentan a diversas formas de violencia por su condición de género, tenemos que ubicar exactamente cuáles son, sería terrible que se hicieran marchas, paros nacionales, leyes ciegas, y que nosotros como el poder del pueblo no entendamos de manera real cuáles son esas formas de violencia y peor aún que seamos los ejecutores de esas formas de violencia de manera inconsciente, en el transporte público, en los comentarios con la vecina, en el regateo en nuestros mercados, como funcionarios o funcionarias públicas que no cumplimos con nuestra función “humanizada y funcional”.


Es importante saber que la violencia contra las mujeres deberá de ser un problema público como lo buscamos incesantemente pero también deberá resolverse en lo privado y lo íntimo, de lo contrario no estaremos avanzando ni en el discurso, porque comienza a gastarse y no está teniendo un trato sano en las entrañas de nuestro hogar… de nuestras ideas automáticas.


Cuidémonos de no protestar con la mano izquierda y con la mano derecha aumentar el alto grado de invisivilización que siempre ha caracterizado al fenómeno.

El gran sueño de quienes nos dedicamos a esto, es erradicar la violencia contra las mujeres, no disminuirla ni esconderla, porque seguramente nos crecerá y se nos volverá destino cuando menos lo esperemos.

Es probable que los feminicidios actuales solo sean una muestra de esto ante el mal manejo, la poca reflexión y la tibieza disfrazada de radicales, violentas, incongruentes y brutales manifestaciones que nos hacen recordar nuestros orígenes primates de los cuales no nos avergonzamos pero que seguramente no van de la mano para entender e Identificar a toda la violencia basada en el género como una forma de discriminación en un país como el nuestro donde discriminamos hasta porque nuestros iguales no piensan como nosotros.


Es necesario que a más de un siglo del inicio de la lucha por erradicar la violencia a las mujeres identifiquemos por fin la misoginia que vive hasta en nuestros chistes, en la educación que le damos a nuestros hijos e hijas, haciéndoles creer que son princesas que necesitan de alguien que les rescate de su propio dragón, y que les resuelva la vida, o que son varones que necesitan tener el control adecuado para que nadie les vea la cara o que nuestras masculinidades están basadas en nuestra respuesta sexual, eso solo lo podremos hacer cuestionando nuestras costumbres misóginas, nuestras historia de misoginia, nuestras religiones y sus procedimientos misóginos, incluso nuestra intimidad misógina, porque está bien pelear pero primero vamos a encontrarnos a nosotras mismas, porque estoy seguro que no encontraremos afuera lo que no hemos visto en el espejo o piel adentro.


Finalmente los feminicidios son solo la punta de Iceberg donde alguien muere, pero en realidad el feminicidio se vive en nuestra cotidianidad; y en realidad solo es la manifestación de terrores secretos y continuos para los que hemos sido educados, hombres y mujeres, siendo el resultado de una inercia, donde por cierto a las mujeres en la última década se le ha repetido hasta el cansancio que no se dejen, que denuncien, que salgan, que griten, pero a los hombres no se les enseño como vivir sin ese complemento, no hay un seguimiento para entender las nuevas masculinidades, y lo único que pasa es que él se llena más de miedo e impotencia, donde para poder controlar y ser hombre ahora hay que pegar más fuerte, porque no saben cómo ser hombres con esta “nueva dinámica”.


¿A ustedes les parece que a todos los hombres les avisaron que había que funcionar diferente?


Los maltratadores, violadores y feminicidas tienen que pagar sus delitos y enfrentar la ley… Pero no podemos cerrar los ojos ante la idea de que de varias maneras también son víctimas de la dinámica social, que somos nosotros como educadores los que tenemos mucho que hacer…

“Si” protestemos, clamemos, hagámonos escuchar esperemos que algún día nuestras autoridades puedan:

1) acabar con la pobreza y la injusticia social que subordina y excluye a las mujeres y a las niñas.

2) establecer instituciones fuertes y confiables, incluyendo un sistema de justicia funcional, efectivo y eficiente.

3) lograr un nuevo ‘contrato social’ que garantice los derechos de las mujeres al igual que los de los hombres…

Pero mientras eso sucede nosotros en una profunda introspección, en una mirada fija al espejo y en una efectiva limpieza de nuestro hogar

1.- cuestionemos los roles de género.

2 busquemos entender en su verdadera naturaleza el concepto de equidad para poder defenderlo y no generar más violencia.

3.- logremos el empoderamiento de las mujeres, y una verdadera educación que rompa ataduras.

4.- fomentemos la cultura de la denuncia.

5.- logremos una efectiva lucha contra la codependencia porque mientras no la reconozcamos todo lo demás solo será discurso.


Creo que si es momento de hacernos escuchar, “ni una menos”, pero primero, aquí y ahora comencemos entendiendo el concepto para que inmediatamente comencemos a educar.



Dr. Cesar Manuel Torres Arias

Doctor en Medicina

Psicoterapeuta Familiar y de Pareja

8 de Marzo 2020.




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